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Mandalas naturales a partir de la leyenda del otoño

Una de las actividades de la convivencia de 7mo grado en El Pinar, fue elaborar Mandalas con los elementos naturales, a partir de una leyenda argentina del Otoño o del "Kanshout".


Estudiantes de 7mo grado elaboraron Mandalas con los elementos naturales que les gustaban entre los que había en el lugar. Lo hicieron a partir de conocer la Leyenda argentina del Otoño que relató Paloma Tubio.





Recolectaron elementos naturales y trabajaron en equipos para dar forma a las obras.


Crear mandalas, además de ser una actividad placentera, sirve para trabajar la atención, la concentración, la paciencia, la coordinación, la motricidad fina, el trabajo en equipo, la creatividad e imaginación. Además centrar la atención en una actividad creativa reduce el estrés.


Leyenda argentina del Otoño o Leyenda del Kanshout


Cuentan la leyenda que hace mucho tiempo, existió una tribu llamada Selk’nam. Esta tribu vivía en el último y más remoto lugar del planeta, la llamada Tierra de fuego.


En este lugar, los árboles no perdían nunca sus hojas. Además, tenían una tradición que obligaba a los chicos jóvenes a partir en busca de aventuras cuando cumplían la mayoría de edad. De esta forma, ganaban en autonomía y madurez, y después podían contar al resto qué había más allá de la Tierra de fuego.


Pero, de entre todos los jóvenes de la tribu, destacaba uno por ser tremendamente curioso y además, muy veloz. Se llamaba Kanshout, y el año que le tocó salir de expedición, se puso muy contento. ¡Estaba deseando ir más allá de la frontera de su poblado y descubrir todas las maravillas que había más allá de la Tierra de fuego!





Kanshout partió feliz con algo de alimento, pero tardó mucho en regresar. Tanto, que todos llegaron a pensar que había muerto. Pero Kanshout regresó, justo un año después de partir, y llegó radiante de felicidad.


– ¡Tenéis que escucharme todos!- dijo emocionado- ¡Encontré un lugar en donde los árboles pierden sus hojas y al cabo de unos meses, vuelven a nacer, mucho más verdes y hermosas!

Todos le miraron con extrañeza. ¿Se habría vuelto loco?


– ¡Os lo digo de verdad! Hay lugares en donde los árboles cambian de color. Se vuelven rojos como el fuego. Luego se quedan desnudos, y meses después, comienzan a brotar nuevas hojas de un verde muy intenso.



Entonces todos comenzaron a reír, pensando que les estaban engañando. El pobre Kanshout se dio media vuelta y aguantó como pudo los insultos y las risas de todos sus compañeros. Pero no iba a dejar así las cosas.


Kanshout pidió a los dioses que le transformaran en un pájaro del color de las hojas que había visto, y los dioses le convirtieron en loro, un precioso loro de plumaje verde y el pecho rojo. Entonces, Kanshout voló sobre los árboles de la Tierra de Fuego e inmediatamente fueron perdiendo las hojas.



Todos pensaron que los dioses les habían castigado. Contemplaban con horror cómo los árboles se pedían las hojas coloreadas de amarillo y rojo y se quedaban desnudos.

– ¡Los árboles se mueren!- gritaban algunos.


También vieron sobrevolar los árboles a ese extraño pájaro verde y rojo. Y al cabo de unos meses, descubrieron que de las ramas comenzaban a brotar pequeñas hojas de un verde muy brillante.


– ¡Kanshout tenía razón!- dijeron avergonzados- ¡Y no le creímos!


Desde entonces, los loros sobrevuelan los árboles y se posan en sus ramas. Se cree que cuando gritan se están riendo de los hombres, recordando que en su día no creyeron y que después fue un loro, Kanshout, quien se rió finalmente de ellos.



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